
Mientras las preferencias por el tabaco y alcohol disminuyen, la marihuana tiende a estabilizarse. Preocupa el aumento del uso de estupefacientes en mujeres en edad escolar, así como el aumento general en drogas más duras. Aun así, no todo está perdido: el informe también plantea datos alentadores.
Resultados del 15° Estudio de Drogas en Población Escolar 2023, publicados recientemente por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), revela que un 21.4% de las estudiantes del 4to básico al 8vo medio afirmaron haber consumido drogas, mientras que los varones en esta misma etapa escolar registraron un 16.8%.
Para el psicólogo de la Unidad de Acompañamiento Estudiantil del PACE de la Universidad de O’Higgins (UOH), Carlos Canobra, estas cifras sobre el aumento del consumo de drogas en estudiantes chilenas, podrían obedecer a varios factores asociados a problemas de salud mental y aspectos sociales, donde la normalización del consumo femenino puede ser en respuesta para enfrentar y superar diversas problemáticas. Además, agregó que si bien debe ser analizado en profundidad y considerando diversas realidades «este aumento en el consumo de drogas en mujeres con edad escolar puede ser una forma de búsqueda de estabilidad ante conflictos emocionales, familiares o relaciones de pareja».
Drogas más duras: efecto pandemia
Respecto al incremento en el consumo general de drogas más duras como cocaína (2.5%) y pasta base (1.9%), – según detalla el estudio -, Canobra infiere que el factor mental y emocional sigue siendo preponderante, “ya que habitualmente, este tipo de drogas son utilizadas por adolescentes como una manera de huir ante situaciones difíciles de sobrellevar y como una forma de afrontar las diferentes situaciones, unas más complejas que otras». Según el psicólogo la pandemia habría exacerbado los entornos, afectando las relaciones entre las personas, deteriorando la salud mental de los jóvenes.
No todo está perdido
No obstante, y pese a estos datos alarmantes, el experto destaca un lado alentador del estudio al señalar que, si bien el consumo de marihuana en la población escolar no ha disminuido de manera significativa, manteniéndose en un 19.1% desde el 2021, el uso diario de tabaco alcanzó su nivel más bajo desde el inicio de las mediciones, con una prevalencia del 1,3%, consolidando una tendencia a la baja en los últimos años. “Asimismo, la prevalencia de consumo de alcohol disminuyó de 24,0% en 2021 a 22,7% en 2023, marcando un descenso sostenido en los últimos cuatro estudios realizados de manera consecutiva desde el 2017”. Canobra atribuye este descenso a factores relacionados con la búsqueda de una mejor calidad de vida, producto también del impacto de las campañas acerca de las consecuencias nocivas que trae consigo el consumo de alcohol y tabaco.
“Este descenso apreciado en los resultados del reciente estudio publicado por SENDA, se explica por factores sociales donde, hoy en día, es posible observar a adolescentes con un mayor interés por la actividad física y la búsqueda de estilo de vida saludable, disminuyendo la presión social que incite, como antes, al consumo de dichas sustancias. Además, las campañas de prevención sobre los efectos nocivos, ha llevado a que exista un cambio en la percepción del riesgo. Esas son buenas noticias. No todo está perdido”.
Contención y soluciones concretas
Sin embargo, y más allá de los datos alentadores del estudio, Canobra cree pertinente abordar esta realidad de tendencias mixtas en el consumo de alcohol, tabaco y narcóticos, mediante el fortalecimiento de políticas públicas enfocadas en consumo de drogas, reforzando las estrategias de prevención en la educación, adaptándolas a los contextos y necesidades en adolescentes, además de capacitar a los adultos responsables en herramientas preventivas.
El psicólogo sostiene que la labor en el control y erradicación del consumo de drogas en la población escolar es una responsabilidad compartida que requiere el compromiso de toda la sociedad. Para Canobra es imperativo “que las familias, las instituciones educativas y las autoridades trabajen conjuntamente” en entornos seguros que promuevan estilos de vida positivos, y con todos los apoyos necesarios para enfrentar los desafíos que están por delante.
“También es necesario que el Estado se enfoque en la generación de espacios de participación, contención y apoyo para escolares como elementos protectores y generadores de bienestar emocional, facilitando el acceso a atención especializada por parte de profesionales de la salud mental”. El psicólogo subraya la urgencia de implementar mecanismos de control y fiscalización que regulen el acceso a diferentes sustancias, especialmente entre menores de edad y adolescentes con la idea de seguir influyendo significativamente en la disminución del consumo de todas estas sustancias. “El desafío ahora es transformar la preocupación y la alarma en soluciones concretas que protejan la salud, y la vida de las nuevas generaciones”.
SELSO DANIEL GONZÁLEZ CÓRDOVA |
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